Unas ranas se animaron a hacer una carrera, y ver quien llegaba primero a lo alto de una gran torre.

Había en el lugar una gran multitud de espectadores, mucha gente para apoyar y gritar por ellas.

Comenzó la competencia.

Pero como los espectadores no creían que las ranas pudieran llegar a la torre, lo que más se oía era: “Qué pena, no lo van a lograr, no van a poder”.

De hecho, algunas ranas fueron desistiendo.

Unas pocas persistían y continuaban. Pero la multitud gritaba: “Pero si no van a poder!, ¡no van a poder!”

Y las ranas iban renunciando una a una, menos una que seguía tranquila, cada vez más segura.

Ya al final de la competencia, sólo ella llegó.

La gente no entendía: ¿por qué esa rana porfió y llegó sola?

Se acercaron a la rana y le preguntaron cómo lo había conseguido, cómo logró hacer la prueba, pero la rana miraba a las personas y no respondía sus preguntas: era sorda.

Fábula Popular

 

A menudo hacer oídos sordos a los comentarios externos es la única escapatoria para llegar a nuestra meta. Eso fue lo que hizo la rana de nuestro cuento y eso es lo que muchas veces nos vemos obligados a hacer niños y adultos para alcanzar nuestros objetivos: no escuchar.

A menudo hacer oídos sordos a los comentarios externos es la única escapatoria para llegar a nuestra meta.

Lo que escuchamos nos influye hasta tal punto que en ocasiones la única defensa ante un entorno hostil es no escuchar. El problema viene cuando éste hecho puntual y esporádico se convierte en una rutina y el hábito de no escuchar hace que nuestra sordera selectiva se convierta en permanente, imposibilitándonos para escuchar lo que sí queremos escuchar.

Este tipo de sordera no es auditiva, no supone la pérdida de audición, pero sí de la capacidad de escucha, de entender correctamente los mensajes sonoros, de localizar la fuente del sonido, de agudizar el oído y prestar atención, de discriminar el sonido adecuadamente, etc. Y ello conlleva dificultades de comunicación, integración, socialización, aprendizaje, …

Muchos son los niños que bloquean su escucha como mecanismo de defensa y protección al entorno. Cuanto mayor es la dificultad a la que tienen que enfrentarse para alcanzar su meta, mayor es el número de voces, bien intencionadas o no, que les desempoderan con comentarios como: “pobrecito no va a poder”, “déjalo si no puedes”, … La fábula de la rana, se repite de nuevo.

Las palabras y los mensajes que emitimos tienen un gran poder y es importante que tomemos conciencia de ello. Curiosamente, los niños con mayor capacidad auditiva, son los más propensos a bloquear su escucha. Su hipersensibilidad a los sonidos hace que les irriten más los ruidos y determinados estímulos sonoros. Habitualmente les veremos tapándose los oídos con ambas manos, llorando, irascibles o con otitis recurrentes.

Las palabras y los mensajes que emitimos tienen un gran poder y es importante que tomemos conciencia de ello.

Un entorno sonoro hostil, en intensidad, ruidos o en contenido, disminuye el deseo de escuchar y repercute en el bloqueo del mecanismo fisiológico del órgano de la escucha: el oído.

El oído es el órgano encargado de dar paso hasta nuestro sistema nervioso central a los estímulos sonoros externos. Es una puerta de entrada a nuestro mundo interior, al mismo tiempo que nos comunica con el mundo exterior. Una puerta que debemos abrir y cerrar según nuestra intención, para lo cual es necesarios engrasarla adecuadamente.

Esto no les sucede sólo a nuestros niños, a los adultos nos sucede igual… y en ocasiones desde niños.

Recuperar el deseo de escucha supone la apertura de esa puerta que nunca debió ser cerrada. Abrirla y franquearla nuevamente supone para muchos de nosotros una oportunidad que no podemos ni queremos dejar escapar. Volver a escuchar de modo consciente y atento nuestro mundo, nuestro entorno y a nosotros mismos nos resitúa en nuestra vida, devolviéndonos la capacidad de SER en todo nuestro esplendor.

Atrévete a abrir la puerta y correr hacia tu meta, consciente de que sí puedes.

¿Te atreves a escuchar…te?

 

 

Inmaculada Arcediano

DP Tejiendo Redes

 

La reeducación auditiva con la técnica Tomatis, constituye una Pedagogía de la Escucha. En Tejiendo Redes evaluamos tu escucha y la de tus hijos y os acompañamos en la aventura de Aprender a Escuchar.

0 Comment

  • Pues aquí, leyendo vuestros mensajes con mi hijo…, aprendiendo y con la intención de ponerlo en práctica conscientemente.
    Gracias por compartir.

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