Una emoción es una reacción física ante un estímulo que surge de forma espontánea en nuestro cuerpo. El estímulo puede ser interno o externo. La anticipación de acontecimientos futuros en nuestra mente es un estímulo interno y pueden causarnos, por ejemplo, miedo o ansiedad. Un estímulo externo puede ser cualquier acontecimiento que se produce fuera de nosotros, por ejemplo, un grito de un progenitor puede dar lugar a la aparición de miedo, susto, ira, etc. Las emociones se sienten en el cuerpo, no se racionalizan, no se pueden controlar. En cambio, el sentimiento ocurre cuando ya hemos tomado conciencia de la sensación y podemos reflexionar de forma más consciente sobre lo que nos pasa. Para resumirlo, una emoción es lo que nos pasa en el cuerpo ante cualquier acontecimiento y un sentimiento es una emoción pasada por el filtro de la razón.

Una emoción es una reacción física ante un estímulo que surge de forma espontánea en nuestro cuerpo… Las emociones se sienten en el cuerpo, no se racionalizan, no se pueden controlar.

Una reacción física, una emoción, no puede ser nunca buena ni mala, es una información que nos da el cuerpo y por tanto como expuso Darwin en “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales”, tienen una función evolutiva. El miedo nos protege de los peligros, la rabia prepara al organismo aumentando la fuerza y resistencia y otros recursos con el fin de movilizarnos para la autodefensa.

Una reacción física, una emoción, no puede ser nunca buena ni mala… tienen una función evolutiva.

La dificultad radica en cómo las expresamos, porque nunca hay que eliminar las emociones, nunca hay que darles la espalda y/o juzgarlas. El juicio lo hacemos las personas cuando calificamos las emociones de “buenas o malas”. La ira, la rabia, la frustración, la envidia, la desesperanza, son igual de válidas que el amor, la alegría, la euforia, la ilusión, etc. El problema viene de nuestro juicio, y son las emociones “negativas” las que muchas veces no sabemos digerir ni manejar. Entonces… ¿qué hacemos con ellas? El objetivo es: aceptarlas, sentirlas, darles un hueco un lugar en nuestro cuerpo y aprender a gestionarlas y aprender de ellas.

El juicio lo hacemos las personas cuando calificamos las emociones de “buenas o malas” … Son las emociones “negativas” las que muchas veces no sabemos digerir ni manejar. Entonces… ¿qué hacemos con ellas?

El proceso para vivir las emociones desde una perspectiva sana sería:

Es importante vivir y experimentar las emociones sean las que sean porque éstas nos enseñan y nos preparan para la vida. Todos tenemos que ser los protagonistas de nuestras vidas y no podemos permitir que nos digan qué podemos o no sentir. Como padres, nuestro objetivo no es hacer feliz a nuestros hijos evitándoles situaciones que consideramos negativas o perjudiciales para ellos, el objetivo es acompañarles en su aprendizaje, educar su Ser. Cuando les sobreprotegemos o no les permitimos experimentar emociones que consideramos “malas”, no les estamos preparando para el futuro. Inevitablemente vivirán situaciones duras o traumáticas en sus vidas para las que no les hemos preparado.

Y todo comienza con un “no te enfades por esa tontería”, con esta frase aniquilamos su lógica privada, o un “mi hijo es muy bueno, nunca se enfada” … ¿de verdad nunca se enfada? O más bien no se permite el enfado, no se permite expresar su emoción. Si no da un espacio a su lógica privada, si no da espacio para el enfado, no se está evolucionando, no está aprendiendo de sus emociones ni cómo gestionarlas.

Como padres, nuestro objetivo no es hacer feliz a nuestros hijos evitándoles situaciones que consideramos negativas o perjudiciales para ellos, el objetivo es acompañarles en su aprendizaje, educar su Ser.

Aquí entra en juego también la autorregulación, algo que se tiene que aprender porque no es una habilidad innata. Y los primeros en autorregularnos deberíamos ser los adultos. Porque como hemos dicho en otras ocasiones, la única manera de enseñar es a través del ejemplo. Si cuando nos enfadamos con nuestros hijos, se lo hacemos saber a través de la descalificación (pareces tonto, eres un maleducado, me tienes harta…) y nuestra comunicación verbal y no verbal es agresiva (gritamos, nos posicionamos físicamente por encima de ellos acercando “demasiado” nuestra cara a la suya…), ¿qué podemos esperar de ellos cuando se enfaden? Desde luego nosotras no esperaríamos que nos lo dijesen de manera “educada”, sin gritar, ni esperaríamos que se calmasen primero para que nos pudiesen decir desde la asertividad, lo que les ha hecho enfadarse y cómo se sienten.

Si cuando nos enfadamos con nuestros hijos, se lo hacemos saber a través de la descalificación… y nuestra comunicación verbal y no verbal es agresiva… ¿qué podemos esperar de ellos cuando se enfaden?

En el siguiente post, hablaremos de cómo gestionar las emociones y os propondremos algunas técnicas para liberar las emociones “negativas”. Mientras tanto, os proponemos una reflexión: ¿cómo manejas tus emociones? ¿las puedes sentir en el cuerpo? ¿Las comunicas de manera asertiva, o por el contrario te descontrolas y sufres un secuestro amigdalar?

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

DP Tejiendo Redes

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

X