10 Hábitos para Vivir la maternidad
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¡Hola! Gracias por estar ahí un episodio más. Retomamos el tema del otro día, con los 10 hábitos para ser una madre feliz. Vamos a hacer un breve repaso a los cinco primeros puntos para refrescarlos y enseguida nos metemos en faena con los cinco últimos:

  1.  Lo Importante que es una Madre
  2. Maternidad y Soledad
  3. No te Compares, Deja de competir
  4. Obsesión por el Dinero
  5. Dedica tiempo a la Introspección

Y comenzamos con el sexto punto:

10 Hábitos para ser Madres Felices - Eps 2

6. Aprender a Amar

Dar y recibir amor de forma saludable. Todas nos convertimos en madres porque queríamos más amor, dar sentido a nuestra vida o, simplemente, salir de nuestro aburrimiento vital, o incluso salvar la pareja. Dimos a luz o adoptamos a estas criaturas desde una perspectiva que en el momento de tomar esa decisión, nos parecía maravillosa, desde la idea de dar amor, pero que en realidad tiene una base egoísta y también de supervivencia de especie, todo ello desde lo más inconsciente.  Nos generamos unas expectativas sobre nuestros hijos sobre cómo serán, que tienen que ver más con nosotras que con ellos, y nos sentimos decepcionadas de una u otra manera, cuando realmente el problema son nuestras expectativas.

Reduce tu lista de los deseos para garantizar que tus decepciones se reducirán a la mitad, y la vida será mucho menos estresante y mucho más divertida. Cuando nos conformamos con que nuestros hijos sean algo menos que perfectos y estamos preparados para quererlos a su manera, nuestro modo de educar se eleva a un nivel nuevo. Educamos mejor, porque amamos de una manera más pura. Y lo mejor de todo es que, cuando cambiamos nuestra forma de hablar, pensar y actuar hacia ellos, sentimos más afecto, menos tensión y menos peso al final del día. Cuando nos abrimos al amor de una manera más pura, disfrutamos infinitamente más de nuestras relaciones.

Conéctate con tus seres queridos, mantén una comunicación abierta, disfruta de tus relaciones, no las postergues. Expresa tu amor, aunque te cueste, porque te estás trabajando tu herida.

7. Disfrutar de la Vida

Aprende a vivir de forma sencilla: A muchas madres la vida se nos vuelve demasiado complicada, poco a poco vamos asumiendo más tareas y, de pronto, nos sentimos atrapadas. Nos sentimos presionadas para ser las mejores madres y, por eso, nos forzamos para hacer más por nuestros hijos. Dudamos de nosotras como mujeres y lo compensamos intentando mejorar lo que somos. Cambiamos nuestro cuerpo, nuestro trabajo, las cosas que tenemos y, complicamos la vida de nuestros hijos, porque creemos que para tener éxito deben contar con un montón de oportunidades y de cosas materiales. Todo ello hace que nos volvamos locas.

Esta es la verdadera razón por la que todas necesitamos adoptar un estilo de vida más sencilla. En medio de nuestra fatiga, ansiamos la sencillez. Hay una vocecilla en nuestro interior que nos susurra sutilmente: «sal de esta locura».

Vivimos con la sensación de tener el control último sobre lo que nuestros hijos vayan a ser de adultos, y que toda decisión que tomamos es capaz de alterar el destino de sus vidas, y esta es una gran carga. Claro que los padres somos la primera influencia sobre la vida de los niños en cuanto al desarrollo de su carácter, pero aun así, nuestra influencia es limitada. Nuestro hijo es una persona totalmente diferente a nosotras y estamos en su vida durante un tiempo limitado, para alimentarle, quererle y darle un empujoncito. Simplemente hemos de aceptar que es un

préstamo que nos han hecho por un tiempo, luego, ya pasa al mundo adulto. Si pensamos de este modo, simplificaremos las expectativas que tenemos sobre nosotras mismas en cuanto a su educación y experimentaremos una saludable y deseada ligereza en nuestra relación con ellos.

Sencillez Plena

Si simplificamos lo que esperamos de nuestros seres queridos y simplificamos lo que esperamos de nosotras en cuanto a cómo les cuidamos, brotará la satisfacción en nuestras relaciones. Sentiremos liberación y disfrutaremos, porque aprenderemos a no ser tan posesivas con nuestros seres queridos y amigos. Dejaremos de querer controlarles tanto y aprenderemos a darles y a darnos más espacio. Finalmente, la sencillez interior nos lleva a estar más desprendidas de todo aquello que poseemos, nos lleva al desapego.

También tratamos de controlar incluso las cosas materiales que tenemos, compramos y vendemos, nos mudamos, limpiamos y reorganizamos constantemente. Si aprendemos a no dar tanta importancia a lo que poseemos, empezará a perder el poder que tiene sobre nosotras. 


Simplifica tu Vida

Tenemos que aprender a necesitar menos, este es el primer paso para vivir una vida de sencillez interior. Tener cosas y cuidarlas lleva su tiempo. ¿Es a eso realmente a lo que nos queremos dedicar? Vivir con menos nos deja más tiempo para otros asuntos, y así podremos centrarnos en vivir bien la vida.

Ahora vuelve a tu cuaderno y haz una lista sincera sobre lo que esperas de ti siendo muy concreta, por ejemplo, ser paciente con mis hijos, ponerme en forma, etc. Una vez que la tengas haz otra lista y escribe los objetivos que tiene en el fondo, tus esperanzas, lo que harías si no tuvieses limitaciones de tiempo y dinero, y además apúntalas por orden de prioridad del 1 al 10. La primera lista recoge sentimientos sinceros que tienes sobre ti misma: las cosas que piensas que deberías hacer. La segunda lista tiene un sentido más profundo, nace de lo que significa ser una buena madre y una buena mujer. Es la prueba tangible de la sencillez interior.

Revisa la primera lista varias veces. Ahora rómpela, quémala. Son los “deberías” que te impones, lo que crees de debes o tienes que hacer para cumplir con las expectativas, tuyas y de los demás. Ahora coge la segunda lista para tachar todo excepto los tres primeros, que con esos, además de ser los más importantes, son más que suficientes.

Comprométete a trabajar en los tres primeros puntos durante 6 meses o un año, y olvida todo lo demás, el resto se queda en lista de espera. Ahora ya te has dado permiso para ir a por estos tres puntos. Así que, cuando oigas susurros en tu interior sobre si deberías hacer tal cosa o ser mejor en tal otra, desóyelos, porque has tomado una decisión consciente de hacerlo. Si mejorar tu carácter, estar contenta con lo que tienes y ser más paciente forman parte de los tres primeros, no te sentirás culpable si no haces deporte, si no te compras ropa, si no encuentras un trabajo o aprendes a cocinar. Puedes desentenderte de cualquier objetivo que esté por debajo de los tres principales.

Otras cosas que puedes hacer para simplificar tu vida, es valorar la sobrecarga de actividades. Le puedes decir a cada uno de tus hijos que solo pueden elegir una actividad extraescolar por año. Esto es algo que en la sociedad que vivimos nos puede sonar hasta escandaloso, pero piensa que ese tiempo que no está en una extraescolar está contigo, compartiendo tiempo y conectando, que es lo que realmente es importante. Y si son tus actividades las que te causan estrés, aplica la misma regla, comprométete contigo misma de hacer solo una actividad, es decir, si te has comprometido a hacer deporte no puedes ir a la reunión de padres. Las tardes pueden ser mucho más fáciles si nos concienciamos en simplificar nuestras vidas.

Por último, vamos a hablar sobre el dinero. Contrariamente a lo que podría parecer, quienes tienen dinero y controlan sus gastos tienen mayor sensación de poder que aquellos que se lo gastan todo. La razón es que ahorrar requiere más disciplina que gastar. Puedes sacar diez o veinte euros del presupuesto semanal, y cuando pienses que necesitas algo nuevo espera a ver si realmente sigue siendo tan necesario después de dos semanas.

8. Afrontar el Miedo

Elimina los miedos:  Las madres no solo creemos que tenemos derecho a preocuparnos por los hijos; creemos que no somos buenas madres si no lo hacemos. Cuando no tenemos nada de qué preocuparnos, a veces nos lo inventamos. El miedo por nuestros hijos, es miedo a perder el control realmente. ¿A qué le temes? Identifica tus miedos y aprende a manejarlos, afróntalos. Es muy humano tener miedo, el tema es aprender a gestionarlos y no dejarnos arrastrar por ellos. Tomar conciencia de que están ahí, de para qué están ahí, y no dejar que los miedos nos coman.

9. La Esperanza No Se Pierde

La esperanza es una decisión. siempre hay problemas por resolver y situaciones que hieren. Pero si tienes esperanza, sabrás que las cosas poco a poco cambiarán, confía y aprende de cada situación que te presente la vida.

La esperanza exige que creamos en dos cosas: un futuro (incluso si es muy breve) y la posibilidad de que ocurra algo bueno. Cuando tenemos esperanza, tenemos la convicción de que algún aspecto de nuestra vida irá mejor de lo que va en el momento presente. La esperanza nos hace mirar hacia adelante, no hacia atrás. Y todas necesitamos mirar hacia adelante, porque los errores que cometemos y el desánimo nos hacen volver la vista constantemente al pasado. Si queremos disfrutar de la vida, cambiar, mejorar o simplemente sacudirnos nuestro actual estado de inquietud, necesitamos centrar nuestra atención en el futuro.

Ser una madre con esperanza implica dar dos grandes saltos: en primer lugar, tenemos que ejercitarnos en eso de ser optimistas y pensar en positivo, aunque cueste esfuerzo y a muchas de nosotras nos dé miedo. Y, en segundo lugar, tenemos que dejar que la esperanza nos haga olvidar esa ansia de control.

Perdemos la esperanza o porque alguna circunstancia dolorosa ha hecho que perdiéramos el optimismo, o bien porque nos negamos a aceptar que no tenemos el control de muchas de las situaciones. Hasta que no nos enfrentemos a lo segundo, no podremos vivir una vida de auténtica esperanza.

Párate un momento a pensar cuándo fue la última vez que te sentiste feliz. No me refiero a la última vez que estuviste de buen humor, sino a la última vez en tu vida que has sentido esa profunda e instintiva alegría de esperar algo bueno. Quizá esperabas a ponerte de parto, quizá estabas mentalizándote para empezar un nuevo proyecto de vida. Estabas emocionada porque algo bueno iba a ocurrir; algo que iba a cambiar tu vida de manera radical. Estabas llena de esperanza porque te imaginabas grandes acontecimientos que tendrían lugar en los días siguientes. Cuando esperamos con ganas los acontecimientos futuros, nos llenamos de emoción, porque creemos que la vida va a tener más sentido.

A medida que nos hacemos mayores, puede ocurrir que nos vayamos volviendo más apáticas o escépticas en relación a los proyectos de la gente joven y apasionada. Tenemos estos sentimientos porque hemos estado en su misma situación y ya nos la hemos podido pegar más de una vez. La pasión ha ido muriendo porque hemos dejado de esperar que lo que hicimos haya servido para algo. Puede que sí haya servido, pero no nos hemos dado mucha cuenta, porque nos hemos cansado de defender nuestras ideas y de luchar por nuestros sueños. Hemos soñado, hemos trabajado y hemos sufrido algunos reveses. Y, como somos humanas, nos hemos dejado desanimar por nuestros fracasos.

En resumen, cuando dejamos de defender aquello en lo que creemos y hemos puesto nuestra pasión, hemos abandonado la esperanza y la vida pasa a ser confusa y aburrida.


Recuperar la Ilusión

Por todo esto, necesitamos recuperar la ilusión. Necesitamos volver a aprender de qué va esto de la vida. ¿Cómo lo vamos a hacer? Mira en tu interior. ¿Qué es lo que hace que te dé un vuelco el corazón? ¿Lo puedes recordar? Hemos tenido sueños extravagantes y sueños pequeños, y pensar en ellos nos transporta a otro mundo, donde nos vemos a nosotras mismas. Busca tu pasión. Encuentra tu pasión. Búscala, aunque todavía no puedas desarrollarla por completo, y, cuando llegue el momento oportuno, trabájala al máximo. La vida es demasiado corta para vivirla sin pasión.

Necesitamos transmitir a nuestros hijos la importancia de tener una pasión, pero también lo importante que es la esperanza. Somos madres, y hemos sido puestas en la vida de nuestros hijos para influir en lo que serán en el futuro. La mejor influencia que podemos tener en sus vidas no es la ropa que les compramos o los colegios a los que les llevamos. Entre lo que más influye en la vida de nuestros hijos se encuentran los valores y las creencias que les transmitimos.

Y para vivir con esperanza, no hay mayor ejercicio que dar las gracias, ser agradecidas evita que vivamos en la queja. Coge tu cuaderno y piensa en el hecho de quejarse: ¿te hace sentir mejor? ¿Cambia las situaciones malas? ¿Calma el enfado y cura los sentimientos heridos?

Aprende a confiar, confía en tus hijos y que sus acciones no le definen como persona, confía que todo es parte de su aprendizaje, confía y aparta todos esos pensamientos negativos.

10. Tener Fe

Todos creemos en algo ¿En qué crees tú? ¿Por qué crees? Tus creencias son importantes, practícalas, pero antes hay que tener fé en nosotras y en los demás, claro que nos han podido hacer daño, que amigos y familiares nos han podido decepcionar mucho, pero tenemos que reconocer que necesitamos a otras personas y para ello es importante elegir conscientemente en quién confiar y confiar.

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Fuente: “Los 10 hábitos de las madres felices”, Meg Meeker

Castro Martín, T. y Seiz Puyuelo, M. (2014). La transformación de las familias en España desde una perspectiva socio-demográfica. VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2014. Madrid: Fundación FOESSA (Documento de Trabajo 1.1).

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