Cuando un niño tiene la autoestima baja, puede deberse a muchos factores, y nosotros como padres, influimos de manera muy directa en ella. Tanto para construir una autoestima saludable como para reforzar una idea negativa y una baja valoración de sí mismos. Hay dos variables muy importantes a tener en cuenta: la primera es qué tipo de autoestima tenemos nosotros. Y la segunda, cómo educamos a nuestros hijos.

 

Empecemos por el principio: nosotros. No nos cansaremos de decir que los niños absorben como esponjas nuestros comportamientos. Así que lo primero que proponemos es: obsérvate tú. Cómo te tratas a ti mismo, de qué manera te cuidas, qué valoraciones haces de tu propia persona. Pongamos ejemplos prácticos: cuando te equivocas ¿cómo te tratas? Tiendes a pensar o decir frases del tipo: soy tonta, me he vuelto a equivocar, siempre lo hago mal, no valgo para tal o cual cosa… ¿Cómo te cuidas? ¿te permites tiempo de disfrute? ¿tienes una alimentación saludable? ¿te ocupas de ti mism@ o sólo de las necesidades de los demás? Y tu autoestima, ¿cómo la tienes? ¿Tienes una buena valoración y autoconcepto de ti mism@? Esto es importante, porque los hijos aprenden de nuestro ejemplo, no de lo que les digamos. Por mucho que tratemos de aumentar su autoestima, si la nuestra no es saludable, lo van a detectar, lo van a aprender y seguirán el mismo ejemplo que el que les estamos dando.

 

Hay dos variables muy importantes a tener en cuenta: la primera, nosotros, qué tipo de autoestima tenemos. Y la segunda: cómo educamos a nuestros hijos.

 

En segundo lugar, es importante valorar el tipo de educación que les estamos dando. Si somos muy estrictos o exigentes, es muy probable que su sensación sea que nunca son lo suficientemente buenos. Y por lo tanto, su autovaloración será negativa y su comportamiento podrá ser reactivo (rebeldía) o sumisión. Si, por el contrario, somos muy permisivos y sobreprotectores, es probable que además de que pueden convertirse en pequeños tiranos, estemos fomentando su inseguridad (su sensación es que se lo hacemos todo nosotros porque ellos no pueden), incapacidad para decidir por sí mismos, y un largo etcétera.

 

Los niños absorben como esponjas nuestros comportamientos. Así que lo primero que proponemos es: obsérvate tú.

 

¿Qué podemos hacer? ¡La buena noticia es que se pueden hacer muchas cosas! En otros posts de nuestro blog, hemos dado diferentes pautas que encontrarás de manera más extendida: empoderar en vez de facilitar, escucha activa, validar las emociones, etc. Hoy queremos resumir algunas de las cosas que podemos hacer para que nuestros hijos desarrollen una autoestima saludable.

 

  1. Alentarles.

    Los humanos aprendemos de nuestros errores, por eso, cuando más sostén y apoyo necesitamos (los niños incluidos) es cuando erramos. Si cambiamos la perspectiva y vemos los errores como maravillosas oportunidades de aprendizaje, habremos dado un gran paso. En esos momentos, lo más necesario es alentar al niño. Preguntarle cómo puede hacerlo mejor la próxima vez, reforzar la idea de que puede conseguirlo y que sientan y sepan que confiamos en ellos y en sus capacidades. Que no pasa nada por equivocarse. Un ejemplo muy gráfico es cuando un niño está aprendiendo a andar. ¿Cuántas veces se cae o se tropieza? ¿Qué le decimos? Imagínate que nuestra respuesta fuese: ¡ya te has vuelto a equivocar!, ¡siempre lo haces mal!, ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?, ¡Así no se hace!, ¡Levántate!…

Pues lo más seguro es que el niño acabase por dejar de intentarlo, se sintiese muy torpe y no aprendiese a andar    en mucho tiempo. En lugar de esto, ¿qué podemos hacer? ¡Alentarlo! ¿Te suenan estas frases?: ¡Muy bien, casi lo consigues! ¡Vamos, arriba, que tú puedes! Y muchas otras, que no es otra cosa que alentar al niño a que siga intentándolo. Pues esto, lo podemos extrapolar a cualquier situación y a cualquier edad. https://dptejiendoredes.com/padres-suficientemente-buenos

 

  1. Poner límites y ser consistentes. Los niños necesitan límites para sentirse seguros. Y nosotros debemos mantenernos firmes en esos límites. Hay que procurar que no sean demasiados (excesiva rigidez en la educación), pero deben estar claros, los niños tienen que saber cuáles son de manera explícita, y nosotros debemos ser consistentes en su cumplimiento. Esto no quiere decir que los niños vayan a obedecer a la primera ni a la segunda. Probablemente tengamos que repetirlo muchas veces, pero nos tenemos que mantener firmes en ellos. Esos límites también van cambiando según el niño vaya creciendo, hay que ir adaptándolos. https://dptejiendoredes.com/quieres-ahorrar-sufrimiento-hijo

 

  1. Fuera las etiquetas. Tanto las etiquetas “positivas” como las “negativas” son muy dañinas para los niños (hemos hablado en profundidad en otros posts sobre este tema), así que, si evitamos todas las etiquetas, y sólo aludimos a su comportamiento, ¡les estaremos haciendo un gran favor! Cambiar las etiquetas: “eres tonto”, “eres desordenado”, “eres mal estudiante”, “eres bueno”, “eres responsable”, “eres listo”, “eres generoso”, etc., por: “me ha gustado mucho cuando has compartido tus juguetes con tu amigo”, “si estudias más, sacarás mejores notas”, “tu habitación está muy desordenada, ¿podrías recogerla por favor?”.

 

  1. Empoderar vs. alabar. Pongamos algunos ejemplos: muéstrales confianza: “Confío en que encontrarás lo que necesitas. Yo sé que cuando algo es importante para ti, sabes qué hacer”. Respeta su privacidad. “Respeto tu privacidad y quiero que sepas que estoy disponible si quieres hablar esto conmigo”. Escucha sin suponer, ignorar o juzgar: “Me gustaría oír lo que esto significa para ti”. https://dptejiendoredes.com/tus-hijos-facilitas-empoderashttps://dptejiendoredes.com/tus-hijos-facilitas-empoderas-parte-ii

 

  1. Trabajo significativo. Asignar tareas concretas en la casa (según la edad, adecuar las tareas y responsabilidades), hace que se sientan útiles, parte del sistema familiar y así aumentamos su sentido de pertenencia, imprescindible para un buen desarrollo de la autoestima. https://dptejiendoredes.com/mama-necesito-colaborar-casa

 

  1. No comparar. Nunca compararles con nadie, ni con ninguno de sus hermanos o cualquier otro niño (amigos, primos, etc). Cada persona es única y como tal debe ser tratada.

 

  1. Dedicarles tiempo exclusivo. Atenderles mientras hacemos otras cosas (tareas del hogar, trabajar, hablar por teléfono etc), no es dedicarles tiempo exclusivo. Esto significa, estar al 100% con ellos, jugando, escuchándoles, o haciendo algo que a ellos les apetezca, con atención plena. Con 10 minutos al día sería incluso suficiente, pero en ese tiempo, no existen móviles, ni llamadas, ni otras personas, incluidas hermanos y pareja. Si hay más hermanos en la familia, dedicarle 10 minutos a cada uno, en exclusiva, y hay que hacer entender al resto de los hermanos que luego será su turno y también tendrán su tiempo de exclusividad.

 

  1. No gritarles. Los gritos son una gran falta de respeto y un trato agresivo. Simplemente te queremos formular esta pregunta: ¿te gusta que tu jefe o pareja te grite? Pues la respuesta es la misma para los niños. Si les respetamos, también aprenderán a respetarse a ellos mismos y a los demás.

 

  1. Escucha activa. Escucharles sin juzgar, haciendo preguntas de curiosidad y con atención plena a lo que nos están diciendo.

 

  1. Validar sus sentimientos / emociones. Las emociones no son ni buenas ni malas. Son simplemente emociones, y es importante que los niños se sientan comprendidos. Aunque para un adulto, el hecho de que a un niño le quiten su juguete, nos parece una tontería, para ellos no lo es y en ese momento de llanto o enfado, tenemos que empatizar y preguntarles: “¿cómo te sientes” y validar cualquier emoción que nos digan, y sostener con un: “entiendo que estás enfadado, triste, etc… sé que para ti es importante, yo también me sentiría de esa manera si me pasase”. Y puede ser por un juguete o porque se han enfadado con un amigo/a, o el chico/a que le gusta le haya dicho algo que le ha herido. Después vendrá el enseñar autorregulación o hablar cuando estén otra vez tranquilos y explicarles que su conducta no es la adecuada, si es el caso. https://dptejiendoredes.com/emociones-buenas-malas

 

En definitiva, la autoestima no es un concepto abstracto, es la percepción de uno mismo, de la valoración y el grado de aceptación que tenemos de nosotros. En el caso de los niños, se forma con la suma de muchas pequeñas cosas, palabras, acciones y amor. Y el mensaje más importante que queremos transmitir es: nunca es tarde para empezar a cambiar las cosas, nuestra perspectiva y la educación que les damos a nuestros hijos. ¿Te animas a seguir creciendo junto a tus hijos?

 

 

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

DP Tejiendo Redes

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