¿Qué padre o madre querría ahorrarle dolor y sufrimiento a su hijo? Todos. De eso no tenemos ninguna duda. Para ello, hacemos muchas cosas que creemos que evitarán sufrimiento a nuestros hijos. Los resultados… no siempre son los que quisiéramos. Nos encontramos en consulta adolescentes y adultos que sufren mucho más cuando toman conciencia de la realidad, que si sus padres no hubieran tapado situaciones o dificultades que van ocurriendo durante su infancia y adolescencia. Fundamentalmente, ocultando la verdad, o queriendo maquillarla porque es mucho más duro darse cuenta de que esa realidad que nos habían pintado, realmente no existe. La verdad puede ser dolorosa, pero lo es más sentirse engañado por alguien a quien quieres y del que esperas amor y honestidad. La intención en la mayoría de los casos cuando los padres “tapan” a sus hijos la realidad, es la de evitarles un dolor, que puede convertirse en sufrimiento.

 

“…hacemos muchas cosas que creemos que evitarán sufrimiento a nuestros hijos. Los resultados… no siempre son los que quisiéramos.

 

Un buen ejemplo es cuando hay problemas económicos. Podemos haber acostumbrado a nuestros hijos a disfrutar de cierto nivel económico, y por el motivo que sea, si no podemos mantenerlo, intentamos ocultarlo para que ellos “no lo sufran”. Los hijos tienen que ver cómo las circunstancias de la vida cambian, tienen que ver que a veces las cosas no suceden como nos gustarían, y que ese es un principio de realidad importantísimo para ser en el futuro adultos “sanos”; adecuarse a los avatares de la vida, sabiendo desarrollar la resiliencia. En situaciones de crisis agudas, hemos visto cómo los hijos seguían con el mismo ritmo de vida; colegios privados, concertados, extraescolares, incluso vacaciones. Y los padres, cada vez más ahogados, más asfixiados por no poder pagar todas las facturas, y posiblemente más endeudados. Lo que queremos transmitir es que nuestros hijos son muy capaces de disfrutar sin muchas de las cosas que tienen y que hacen. Es saludable que vean que en “este” momento, no se puede seguir haciendo lo mismo de antes. Incluso si ya tienen edad de trabajar, darles la oportunidad de aportar algún ingreso en casa o pagarse sus gastos. No hablamos de dejar los estudios, sino de compaginarlo, como probablemente hayamos hecho muchos de nosotros. Una lección muy importante que transmitimos de esta manera, es la de los valores: del esfuerzo, del bien común, de la familia como unidad (sea la familia del tipo que sea).

 

“…a veces las cosas no suceden como nos gustarían, y que ese es un principio de realidad importantísimo para ser en el futuro adultos “sanos”, adecuarse a los avatares de la vida y sabiendo desarrollar la resiliencia.”

 

Otros casos con los que últimamente hemos tenido que trabajar en consulta es cuando hay malos tratos psicológicos por parte de uno de los progenitores, y el otro progenitor, trata de “taparlo” para que sus hijos no piensen que no les quieren o que es un mal padre/madre. No se trata de echar más leña al fuego, no creemos que hablar mal del otro progenitor sea de ayuda. A los niños tampoco les hace falta que nadie les diga las cosas, las ven, las sienten y las perciben, a veces incluso antes que nosotros los adultos. A lo mejor no saben ponerle nombre, verbalizarlo, pero lo entienden rápido. El conflicto viene cuando determinadas situaciones tratamos de normalizarlas o justificarlas, cuando no hay justificación ni por supuesto deben ser normalizadas. Es ahí cuando hay un desajuste interno en el niño, porque o bien se cree lo que le están diciendo y normaliza determinadas situaciones o actuaciones que no se debería, o está sintiendo que algo no está bien pero que le dicen lo contrario, no hay una congruencia entre lo que ven, lo que sienten y lo que le dicen…

 

Ambas situaciones dan lugar, cuando se toma conciencia de todo ello (adolescencia o adultez), a dolor, rabia, frustración, ira… Mucho más que si se trabaja desde el principio con lo que hay, con la verdad. Y no debemos disfrazarlo, ni maquillarlo ni ocultarlo. Adaptado a cada edad y etapa madurativa, los niños deben ir creciendo y desarrollándose bajo un principio de realidad. Porque lo que es, es.

 

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

DP Tejiendo Redes

 

 

0 Comment

  • Pues, como en todos los post, lleváis bastante razón. No se trata de traumatizarlos con cierta dureza del mundo adulto, pero tampoco se pueden pintar realidades que no existen.
    Hacerles partícipes (a su nivel) del estado de la situación, no puede ser malo, sino todo lo contrario.
    Es educarles.
    Abrirles los ojos (al menos un poquito). Mostrarles una realidad de la vida que lamentablemente siempre estará ahí, más o menos cerca.
    Un saludo.

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