Finaliza el primer trimestre del curso y con él llega la navidad, acompañada de “las notas del cole” y la pregunta que nos surge es:

¿Por qué algunos niños con una inteligencia normal o por encima de lo normal obtienen malos resultados? ¿Por qué su esfuerzo no es proporcional a la nota obtenida?

Podríamos debatir largo y tendido sobre el tema, pero de lo que no cabe ninguna duda es de la angustia que viven los niños en situación de fracaso escolar. Sorprendentemente un niño con dificultades escolares suele ser un niño brillante. Niños con una gran imaginación e inteligencia, cuyos esfuerzos para alcanzar los rendimientos requeridos no son suficientes para ponerse al nivel de sus compañeros. Y que finalmente… se rinden.

Un niño con dificultades escolares suele ser un niño brillante.

Seguro que tienes o conoces algún niño que no está obteniendo resultados acordes a su esfuerzo ni a su potencial. Ha sido evaluado por distintos profesionales, realizado distintas terapias e incluso tiene un profesor particular, pero aún así no logra mejorar. Mientras, el nivel de frustración del niño va creciendo y su autoestima bajando. Puede incluso ser tachado de vago y de no trabajar los suficiente. Y tanto él niño como su familia sufren el coste emocional.

Si es tu caso y es tu hijo, has de saber algo muy importante: Los resultados académicos no hablan de él, no delimitan quién es ni lo que será en el futuro. Sólo son eso: notas escolares.

Los resultados académicos no hablan de él, no delimitan quién es.

Además, las dificultades auditivas que puedan tener no suelen ser evaluadas ni por tanto solventadas. Sin embargo, no escuchar correctamente suele ser uno de los principales obstáculos con los que se enfrentan estos niños a la hora de abordar sus aprendizajes. Que un niño no sea sordo no significa que pueda escuchar correctamente. Es importante realizar pruebas que evalúen si el niño escucha correctamente. Cuando falla la escucha, pueden aparecer problemas escolares de muy diversa índole: retraso en la aparición del lenguaje, problemas de lectura, escritura, dislexia, dificultades para mantener la atención y la concentración, falta de interés por aprender, bajo rendimiento escolar, dificultades en la organización de tareas…

Que un niño no sea sordo, no significa que pueda escuchar correctamente.

Pueden darse también trastornos conductuales, cambios bruscos de humor, hiperactividad, baja autoestima, tendencia al aislamiento o a la agresividad, estados de ansiedad, dificultades de adaptación al entorno…

Un niño que no puede fijar su atención, que manifiesta un retraso en el lenguaje o que tiene problemas en su comportamiento ha suprimido o disminuido su “deseo de escucha”. Tampoco podrá expresar claramente su pensamiento, memorizar correctamente y controlar su lenguaje. Este hándicap es el origen de muchos problemas de aprendizaje. El niño que no puede analizar con precisión los sonidos no podrá reproducirlos gráficamente. Las faltas de ortografía se acumularán y ante las letras en un ejercicio de lectura será incapaz de descifrar el texto. Por ello, resulta prioritario evaluar la escucha de nuestros hijos, para poder reeducarla si es preciso.
Porque a escuchar… también se aprende
“Si la escucha está en el centro de los mecanismos de aprendizaje, también constituye una pedagogía que puede superar los retrasos y los bloqueos, abriendo al niño las puertas del conocimiento”

Alfred Tomatis

 

Inmaculada Arcediano

DP Tejiendo Redes

La reeducación auditiva con la técnica Tomatis, constituye una Pedagogía de la Escucha. En Tejiendo Redes evaluamos tu escucha y la de tus hijos y os acompañamos en la aventura de Aprender a Escuchar.

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