Emociones y necesidades.

Trabajar las emociones y necesidades es fundamental para darnos cuenta de qué nos está ocurriendo, y qué es lo que necesitamos. Luego, podremos satisfacer o no esa necesidad, pero por lo menos conectamos con lo que sentimos y con lo que necesitamos.

Una emoción, no puede ser nunca buena ni mala, es una información que nos da el cuerpo, y por tanto, como expuso Darwin en “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales”, tienen una función evolutiva. Por ejemplo, el miedo nos protege de los peligros, la rabia prepara al organismo aumentando la fuerza y resistencia y otros recursos con el fin de movilizarnos para la autodefensa, etc.

La dificultad radica en cómo las expresamos, porque nunca hay que eliminar las emociones, nunca hay que darles la espalda y/o juzgarlas. El juicio lo hacemos las personas cuando calificamos las emociones de “buenas o malas”. La ira, la rabia, la frustración, la envidia, la desesperanza, son igual de válidas que el amor, la alegría, la euforia, la ilusión, etc. El problema viene de nuestro juicio, y son las emociones “negativas” las que muchas veces no sabemos digerir ni manejar. Entonces… ¿qué hacemos con ellas? El objetivo es: aceptarlas, sentirlas, darles un hueco, un lugar en nuestro cuerpo, aprender a gestionarlas y aprender de ellas.

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Es importante vivir y experimentar las emociones, sean las que sean, porque éstas nos enseñan y nos preparan para la vida. Todos tenemos que ser los protagonistas de nuestras vidas, y no podemos permitir que nos digan qué podemos o no sentir. Como padres, nuestro objetivo no es hacer feliz a nuestros hijos evitándoles situaciones que consideramos negativas, o perjudiciales para ellos, el objetivo es acompañarles en su aprendizaje, educar su Ser. Cuando les sobreprotegemos, no les permitimos experimentar emociones que consideramos “malas”, no les estamos preparando para el futuro. Inevitablemente vivirán situaciones duras o traumáticas en sus vidas para las que no les hemos preparado.

Las frases que solemos utilizar para sobreprotegerles, es restar importancia a lo que están sintiendo, por ejemplo: “no te enfades por esa tontería”. Así estamos destruyendo su lógica privada. Otra frase muy utilizada es; “mi hijo es muy bueno, nunca se enfada” … ¿de verdad nunca se enfada? O más bien no se permite el enfado, no se permite expresar su emoción. Si no da un espacio a su lógica privada, si no da espacio para el enfado, no está aprendiendo de sus emociones ni cómo gestionarlas.

Para trabajar las emociones usamos siempre  las cartas “Soy y Siento”. Este juego de cartas está compuesto de 36 tarjetas de emociones. En realidad hay muchas emociones y nos limitamos decir muy pocas, y es muy importante adquirir vocabulario emocional porque cuantas más palabras tengamos para describir lo que sentimos, más fácil es hacernos entender con los demás y con nosotros mismos.

Una forma de trabajar es que contamos una situación, sacamos una o más emociones que hayamos podido sentir, por ejemplo, enfado y luego buscamos en el juego de palabras que son distintas necesidades, qué es lo que hubiésemos necesitado en ese momento. De esta forma estamos tomando conciencia sobre cómo nos sentimos, y además sobre cómo calmarnos, en este caso. En el ejemplo que hemos puesto si he sentido enfado puedo necesitar, estar solo, o un abrazo… también depende del tipo de enfado que sea. De esta forma facilitamos que luego se pueda pedir qué es lo que necesito.

Cómo usar las cartas “Soy y Siento”.
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Para usar este juego en familia se puede utilizar dos personas o jugar por equipos. El primer equipo escoge tres cartas al azar, y en dos minutos tienen que contar una historia con tres escenas distintas y que cada escena contenga la emoción que les ha tocado en su carta.

Este es un juego de cooperación, no hay ganadores ni perdedores y ayuda a mejorar el vínculo entre los hermanos.

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Otra forma de jugar para trabajar la conciencia y el aprendizaje emocional es que tanto el niño como el adulto hacen preguntas sobre cómo me siento en un lugar, situación o con alguien en concreto. Por ejemplo, el adulto le dice al niño ¿Cómo te sientes hoy?, y el niño escoge una carta que refleje su estado emocional. Otras preguntas pueden ser:

  • Escoge una carta que te represente en el patio del colegio.
  • Escoge una carta que te represente en la clase de lengua.
  • ¿Cómo te sientes cuando….?
Luego podemos añadir del juego de las palabras, qué hubiésemos necesitado.
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Estas cartas y las palabras de las necesidades, las tenéis en nuestra web si queréis comprarlas. Y si tenéis alguna duda o queréis que contemos otras formas de trabajar con las emociones y las necesidades, déjanos un comentario.

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

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