Ésta es una pregunta a la que sin duda, todos los padres contestaríamos ¡SÍ! Cómo no… lo que a nuestros hijos les duele, nos duele el doble a nosotros. Todavía recuerdo el torrente de emociones cuando mi hijo era pequeño y le “agredían” otros niños en el parque. Aquí nacieron mis primeros instintos asesinos. Sí, habría matado a más de un niño que pegaba a mi hijo, o le tiraba del tobogán, o le tiraba arena… Por aquello de la convivencia respetuosa nunca llegué a hacerlo, pero ganas no faltaban… Sobre todo cuando la respuesta de los adultos que estaban cuidándoles (padres, madres, cuidadoras, abuelos…) era inexistente, y entonces mi instinto asesino se dirigía a esas personas en cuestión. Ahí comprendí la herramienta tan poderosa que tenemos en nuestras manos con la educación. Si a un niño no le ponemos límites y no le enseñamos lo que se puede y lo que no se puede hacer, crecerá pensando que todo vale porque además, si no se pone límites, generalmente tampoco suele haber consecuencias. Los niños aprenden a salirse siempre con la suya, hacen una y otra vez lo que les funciona y da resultado, las rabietas, el chantaje emocional, todos los mecanismos que alguna vez les ha funcionado, lo aplican casi de manera automática.

“Si a un niño no le ponemos límites y no le enseñamos lo que se puede y lo que no se puede hacer, crecerá pensando que todo vale…”

Y cuando un niño se comporta así, caprichoso, sin saber comportarse, es cuando comprendes el daño que les hacemos con nuestra permisividad. Con no poner límites, con la compasión mal entendida al pensar que nuestro pobre hijo se va a frustrar o le va a doler si le decimos que no. En Tejiendo Redes no nos cansaremos de repetir que el núcleo familiar es donde el niño ensaya para luego salir al mundo y… ¿cuántas veces creéis que el mundo les va a decir “no”?. Sí, los padres estamos en la vida de nuestros hijos también para “educastrarles”, como diría mi maestro Gustavo Bertolotto.

“El núcleo familiar es donde el niño ensaya para luego salir al mundo”

¿Y si cambiamos la perspectiva pensando que el que nuestros hijos se frustren, se aburran y desarrollen la creatividad, aprendan límites y normas, les va a ayudar a ahorrarse muchísimo dolor y sufrimiento en el futuro? ¡Yo me apunto! Y ojo, no hay por qué confundir el poner límites y normas con ser autoritario, ni imponer castigos. Se puede hacer de manera amorosa y respetuosa, y tratar a nuestros hijos como nos gusta que nos traten a nosotros. Pero éste es otro tema que también da mucho de sí, así que mejor abrimos este melón en otro momento, cuando podamos comérnoslo. Y por si acaso, quiero aclarar que nunca cuestionamos lo muchísimo que amamos a nuestros hijos, pero sí nos cuestionamos cómo lo hacemos.

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

DP Tejiendo Redes

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