Esta frase se la he oído decir muchas veces a una buena amiga. Y cada vez estoy más de acuerdo con ella. Y cuanto más mayor me hago y miro a mi alrededor, más razones de peso me da la vida. El tener unos resultados óptimos en la vida no va de la mano con haberse sacado una ingeniera con matrícula de honor. Ni un doctorado. Ni 25 Master (algunos incluso del Universo…), ni 6 idiomas… No. Lo más importante y con lo que de verdad se triunfa en la vida es con una Inteligencia Emocional* desarrollada y a pleno rendimiento. Y la siguiente pregunta sería ¿y qué es triunfar en la vida? Pues para nosotras, es estar satisfecho con uno mismo, con una sana autoestima y relaciones interpersonales satisfactorias.

 

“Lo más importante y con lo que de verdad se triunfa en la vida es con una Inteligencia Emocional desarrollada y a pleno rendimiento”.

 

Estamos todo el día pensando cómo pueden nuestros hijos aprender más, ser más listos, más inteligentes. Y ¿cuándo nos vamos a preocupar y a ocupar más de su Inteligencia Emocional? Esto significa saber relacionarnos mejor con nosotros mismos (relaciones intrapersonales) y con nuestro entorno (relaciones interpersonales). Y para eso, no hace falta saber dividir con tres cifras a los 6 años, ni que nuestros hijos aprendan chino en 4º de primaria. Está demostrado que el cociente intelectual es el mismo desde que nacemos hasta que morimos. Ser más inteligente y sacar buenas notas no asegura una carrera profesional exitosa. Las empresas empiezan a dar mucho más valor a otros aspectos (creativo, emocional, etc.) y si no, aquí os dejamos la frase del Director de RRHH de Google: “El expediente académico no sirve para nada”.

 

“Está demostrado que el cociente intelectual es el mismo desde que nacemos hasta que morimos. Ser más inteligente y sacar buenas notas no asegura una carrera profesional exitosa”.

 

A los niños les hace falta más juego libre. Hay que tener mucho cuidado con los juegos de estimulación que pueden dar lugar a una hiperestimulación (tal y como escribimos en nuestro último post). Más deporte, muy recomendable el de equipo, donde de verdad se juegue inculcando valores de compañerismo, esfuerzo y trabajo en equipo, entre otros, y menos competitividad con el que está al lado o en frente… especialmente a los padres que somos observadores de los juegos de nuestros hijos. Pero este tema de los padres y sus comportamientos cuando están de espectadores, es otro asunto muy serio, que no vamos a tratar ahora…

 

“A los niños les hace falta más juego libre. Hay que tener mucho cuidado con los juegos de estimulación que pueden dar lugar a una hiperestimulación…”

 

Lo más importante es establecer un vínculo sano con nuestro hijo, ya desde la gestación y una relación de apego seguro con el niño. ¿Cómo? Con mucho amor. Muchos abrazos, muchos besos y demostrarle al niño lo mucho que le queremos para que él de verdad pueda sentirse amado por quién es (no por las notas que saca ni los goles que mete). Y como decimos siempre en nuestros talleres de Tejiendo Redes, esto no se consigue con un estilo educativo basado en el autoritarismo ni en la permisividad. Los niños necesitan límites con amor, necesitan firmeza, cariño y respeto.

 

Para nosotras, las preguntas realmente interesantes serían: ¿conocemos nuestros límites? ¿sabemos qué nos ocurre cuando estamos sintiendo rabia, ira, dolor, tristeza? ¿Sabemos expresarlo de manera ecológica y efectiva? Porque sentir lo que tradicionalmente se ha valorado como emociones negativas (las emociones no son positivas ni negativas, esa es sólo nuestro juicio y valoración de las mismas) no está bien visto. En realidad no hay nada de malo en ello, las emociones son emociones, sin más… el tema es cómo las procesamos, las regulamos y las gestionamos. Si no sabemos autorregularnos, y ante una emoción de rabia reaccionamos gritando a la persona que tenemos delante… ¿qué creéis que estamos enseñando a nuestros hijos? Que la ira se resuelve gritando, con agresividad. Y que es correcto, porque nosotros somos los modelos de nuestros hijos y cuando son pequeños, somos sus ídolos y nunca nos equivocamos.

 

“…las emociones son emociones, sin más… el tema es cómo las procesamos, las regulamos y las gestionamos…”

 

¿Qué pasa con los padres que piensan que sus hijos son los mejores del mundo?, pues que así se lo transmiten a sus hijos, que integran como creencia en su cerebro, y luego descubren que no lo son. Que no son los mejores. O peor aún, nunca lo llegan a descubrir y se relacionan con el mundo desde ahí, desde el narcisismo, la prepotencia, la soberbia y un posible sin fin de actitudes nada beneficiosas para ellos. Porque para todos los padres, nuestros hijos son los mejores del mundo, el problema viene cuando crees que es una verdad absoluta y no simplemente amor de padre sabiendo que para ti lo es, pero que no significa que sea EL MEJOR DEL MUNDO.

 

“Porque para todos los padres, nuestros hijos son los mejores del mundo, el problema viene cuando crees que es una verdad absoluta y no simplemente amor…”

 

 

Muchos de estos problemas que les causamos a los niños (estrés, intolerancia al fracaso, sobreprotección, sobreexgigencia y un largo etc.), se resolvería si nosotros mismos tuviésemos una Inteligencia Emocional suficientemente desarrollada. Porque eso se transmite sin querer, en nuestro hacer diario, y nuestros hijos copian de manera inconsciente. Si expresamos emociones de manera sana (lenguaje emocional rico), ellos aprenderán. Si sabemos regular nuestras emociones de manera sana, ellos aprenderán. Si sabemos gestionar nuestras emociones, ellos aprenderán. Y todo esto es imprescindible para una buena Inteligencia Emocional.

 

Como conclusión, afirmamos que es nuestro deber y debería ser nuestro legado más importante, desarrollar nuestra propia inteligencia emocional para que nuestros hijos puedan desarrollar la suya. Menos preocupación por las notas, su desarrollo y rendimiento académico y más ocupación en su desarrollo emocional. Al menos nosotras, así lo intentamos hacer, para que de verdad nuestros hijos triunfen en la vida.

 

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

*Según Salovey y Mayer, padres de la Inteligencia Emocional, ésta es:

 

la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con precisión, valorar y expresar emoción; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; la habilidad de comprender emociones y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual” (Salovey & Mayer 1990)

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