Esa es la pregunta que nos lleva rondando un tiempo. A raíz de todos los acontecimientos de estos últimos dos meses, donde la mujer, la igualdad, los derechos y el respeto se hacen escuchar cada vez más alto y claro. Hay una necesidad imperiosa de hacer un cambio de paradigma en la sociedad en torno a los roles que las mujeres tenemos en la sociedad.

 

Las mujeres no deberíamos vernos en la tesitura de elegir entre ser madre o mujer, y la sociedad en la que vivimos, realmente dificulta esta compatibilidad. Desde nuestra perspectiva, es evidente que es compatible. El punto que debemos observar son las trabas que la sociedad y la educación nos pone para llevarlo a cabo. Una mujer es muchas cosas a la vez. No sólo madre. Es un SER en todas sus dimensiones y roles. Pero ante todo es un ser con necesidades, ilusiones y sueños. No deberíamos hacer un paréntesis de 20 años, desde que somos madres hasta que nuestros hijos pueden volar solos, para poder volver a nosotras mismas. Además de los problemas añadidos que ésta circunstancia puede traer, como puede ser el síndrome del nido vacío. ¿Y nuestras ilusiones dónde se quedaron? ¿Nuestros sueños? Normalmente por el camino, y cuando tenemos el tiempo para volver a retomarlos, muchas veces no sabemos ni por dónde empezar, ni de dónde sacar las fuerzas para llevarlos a cabo.

 

Una mujer es muchas cosas a la vez. No sólo madre. Es un SER en todas sus dimensiones y roles. Pero ante todo es un ser con necesidades, ilusiones y sueños.

 

En Tejiendo Redes trabajamos con mujeres que llegan a nuestra consulta con un gran vacío, con necesidad de encontrarse a ellas mismas, más allá de su rol de madre. Dependiendo de cada caso se trabajan unas cosas u otras, y lo importante es contestarnos a las preguntas: ¿QUÉ QUIERO? ¿QUÉ NECESITO? ¿CUÁL ES EL PARA QUÉ DE MI VIDA? Y desde ahí construir puentes, tejer el fino hilo del autoconcepto, la autoestima y la valoración que hacemos de nosotras mismas, para que deje ser un fino hilo y se convierta en una red muy tupida de confianza y poder personal.

 

Lo importante es contestarnos a las preguntas: ¿QUÉ QUIERO? ¿QUÉ NECESITO? ¿CUÁL ES EL PARA QUÉ DE MI VIDA?

 

Es un camino suntuoso, donde nos tenemos que enfrentar a miedos y fantasmas, pero que merece mucho la pena recorrerlo. No sólo por el resultado, sino por el camino en sí. Ir descubriéndonos es una satisfacción maravillosa, y con un peligro (si se le puede llamar así…): una vez que decides emprenderlo, es muy difícil dar marcha atrás. ¿Cómo lograrlo? Pues trabajando diferentes aspectos y con diferentes herramientas. Por citar alguno de ellos, trabajarnos los logros, porque como ya hemos comentado alguna vez que no nos enseñan a valorar nuestros propios logros. Otro de los aspectos muy interesante que podemos observar, son nuestros valores, que son los motores que están debajo de nuestras acciones, pensamientos, creencias. Todos tenemos nuestros valores, y por supuestos diferentes. Un valor es aquello a lo que una no puede renunciar, y si lo hace, nos vamos a sentir mal, nos faltaremos al respeto y nos estaremos traicionando a nosotras mismas. Por último,  las creencias limitantes. Aquellas creencias que, por educación, cultura, experiencias, nos limitan en nuestra vida de algún modo. Pueden ser creencias que hemos “heredado” y que deberíamos revisar, porque es posible que a nosotras no nos valgan, o las que hemos adquirido por nuestras experiencias de vida, y que en un primer momento tuvieron una intención positiva y nos ayudaron, y que ahora nos están limitando.

 

Vamos a llevarlo a un terreno más práctico para bajar estos conceptos “a tierra”, y os proponemos los siguientes ejercicios:

 

1)   Haz tu lista de logros conseguidos a lo largo de la vida. Pueden ser logros enormes o pequeños, todos son igual de importantes cuando hablamos de la autovaloración: haber estudiado una carrera, criar a nuestros hijos, no comernos ese postre tan apetecible para cuidarnos un poco, hacer una llamada que no nos apetecía nada. Sería cualquier cosa que a cada una nos suponga un esfuerzo y nos sentimos bien cuando lo hemos conseguido llevar a cabo. El número mínimo de esta lista debe ser, de al menos, 20 logros. Una vez hecha, buscar al finalizar cada día, al menos uno o dos logros conseguidos ese día. Y si conseguimos hacerlo todos los días, es posible que notemos una mejoría en nuestra autoestima y autovaloración.

 

2)   Haz un listado de tus valores. Pueden ser: justicia, amor, generosidad, familia, compañerismo, valentía, entrega, tranquilidad, etc. Si puedes, fíjate en los logros conseguidos y trata de averiguar qué valor o valores hay debajo de cada logro. Pregúntate ¿qué dice esto de mí?

 

3)   Piensa qué creencias limitantes hay en ti. Frases que usamos como muletillas tipo: “Yo por ahí no paso” “Yo no puedo hacer esto” o por el contrario “Yo puedo con todo” “A estas alturas de la vida dónde voy a ir” etc. También creencias inculcadas desde la parte sociocultural: “Hay que ganarse el pan con el sudor de la frente” “Las personas honradas no se hacen millonarias” y un largo etc. Escribe aquellas frases que crees que pueden estar limitándote de alguna manera, en cualquier aspecto. Sólo con tomar conciencia de ellas, ¡ya hemos hecho un gran trabajo! Si además trabajamos para sustituirlas por otras más saludables y potenciadoras, es muy posible que las cosas (y tú misma) empiecen a moverse de otra manera.

 

Todos tenemos el derecho y casi la obligación de perseguir nuestros sueños. Y si además lo enfocamos desde el punto de vista de la educación, piensa qué quieres enseñarles a tus hijos: ¿a tratar de ser feliz persiguiendo tus sueños o a ser una madre abnegada? Nosotras creemos en que ser madre y mujer es totalmente compatible, puede haber equilibrio entre ambas, a pesar de las trabas que nos podemos encontrar en el camino.Os animamos a que miréis dentro de vosotras mismas, porque todas tenemos un grandísimo potencial y los recursos necesarios para SER lo que queramos SER.

 

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

DP Tejiendo Redes

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