Aún recuerdo la frase del médico y homeópata que trata a mi hijo, cuando un 5 de enero, de regalo de Reyes, me dijo que esos puntitos rojos que empezaban a brotar era varicela. Ante mi cara de horror, me dijo “no te preocupes, niños chicos problemas chicos, niños grandes problemas grandes”. ¡Y cuánta razón tenía! Aunque yo cambio la palabra problemas por miedos y fantasmas… Según van pasando los meses y los años, los miedos y temores van cambiando y se van haciendo más grandes. Ahora que está a punto de entrar en la adolescencia, uno de mis mayores temores es cómo va a utilizar y comportarse en su tiempo de ocio, en el que ya no estará bajo mi supervisión ni de ningún otro adulto.

Según van pasando los meses y los años, los miedos y temores van cambiando y se van haciendo más grandes

Los fantasmas que me asaltaban cuando era pequeño eran que pudiera ponerse enfermo, que se adaptara bien al colegio y fuese contento, que no se hiciera daño físico en el parque, etc. Pero según fue creciendo me di cuenta de que tenía que ir soltando, que tenía caerse y aprender a levantarse, aunque el golpe casi siempre te duele más a ti que a ellos… Poco a poco aprendí a tener esos fantasmas bajo control. Ahora llega la adolescencia y esos fantasmas se hacen tan grandes como los castillos en los que habitan. Porque sí, los miedos son anticipaciones de lo que podría ocurrir y podemos dejar volar la imaginación anticipando todo lo que queramos y más… Y lo cierto es que eso que imaginamos aún no ha ocurrido y puede que no llegue a ocurrir jamás.

Pero llega la adolescencia y esos fantasmas se hacen tan grandes como los castillos en los que habitan… Los miedos son anticipaciones de lo que podría ocurrir…

Es aquí cuando he empezado a cuestionarme cómo le he educado, los valores que creo haberle inculcado. Ahora me doy cuenta de que los grandes temas de los adolescentes a los que los padres nos solemos enfrentar con horror, como por ejemplo las drogas (alcohol, tabaco por nombrar por las que suelen ser más accesibles) o el sexo practicado de manera temprana y/o irresponsable, los tienen que enfrentar ellos solos. Desde Tejiendo Redes, creemos que hay varias cosas que podemos hacer para ayudar a nuestros hijos en esta etapa:
– Darles toda la información que precisan (entendiendo por información no las charlas habituales que solemos echar los padres y que el efecto que suelen tener es la desconexión inmediata de nuestros hijos a lo que les estamos diciendo).
– Haber dotado de habilidades y capacidades a nuestros hijos para que sepan manejarse en grupo sin sucumbir a la fuerza que suele tener éste sobre ellos, por ejemplo, desarrollando la asertividad y una sana autoestima.
– Haber establecido un buen canal de comunicación con nuestros hijos para que en caso de necesitarlo, recurran a nosotros y no al grupo.
Y la gran duda es… ¿y cómo se consigue todo esto?… Trabajando día a día en relacionarnos con ellos de manera respetuosa y afectiva, brindando nuestro amor y estableciendo límites, dando el ejemplo que queremos que aprendan porque aprenden de nosotros modelándonos. En definitiva utilizando muchas herramientas que normalmente adquirimos mediante el aprendizaje, el ensayo y el error, porque nadie nace sabiendo educar a un hijo. Al menos nosotras no. Y nuestra propuesta es descubrirlo a través de talleres vivenciales, porque leer está muy bien como complemento, pero lo que se ha vivido, no se olvida, se queda en la memoria corporal porque siempre algo se mueve en nuestros talleres.
Y me gustaría cerrar este post con una idea que nosotras tenemos grabada a fuego:

¡NUNCA ES TARDE PARA CONSTRUIR UNA MEJOR RELACIÓN CON NUESTROS HIJOS!

Almudena Campo & Vanessa Bertomeu

DP Tejiendo Redes

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